Anticomunismo o “No hay peor ciego que el que no quiere ver”

Escribe Jorge Bustos* / Los argumentos usados para justificar la derrota o la desazón son más bien viscerales y, por lo mismo, pueden carecer de cierta racionalidad. Desde esa lógica puedo entender a quienes han sido expulsados de la dirigencia del magisterio, argumentando que la culpa de todo es el “anticomunismo”.
Pero , más allá de esta asunción, el dato real , concreto e irrefutable es que el PC y otros partidos tradicionales han ido perdiendo influencia en las organizaciones, tanto de trabajadores, como de empleados profesionales y funcionarios; como también en las organizaciones del mundo social y ciudadano.
Según las tesis levantadas hace ya más de un siglo, los partidos comunista y socialista, tenían su base social en el pueblo profundo; sus militantes y dirigentes eran en su mayoría obreros, campesinos e intelectuales, quienes eran ampliamente reconocidos por su gran capacidad autodidacta. Eran hombres y mujeres de gran cultura política y de comportamiento ético a toda prueba. Sin embargo hoy la realidad es diametralmente opuesta; en la actualidad se apuesta a privilegiar que militantes “probados” asuman las dirigencias sociales en desmedro de los dirigentes salidos del propio movimiento social, traicionando la historia y tradición que validó al movimiento sindical chileno.
Para nadie es novedad los casos de Bárbara Figueroa, de Jaime Gajardo, Guillermo Salinas y Arturo Martínez, por nombrar algunos personajes sin origen o tradición sindical. Líderes artificiales, creados por sus partidos e impuestos como dirigentes, incluso financiados por el partido u otras fuentes inconfesables. Dirigentes “eternos”, quienes no trepidan en culpar al anticomunismo por sus aplastantes derrotas.
En mi opinión no es el anticomunismo el causante de derrotas de los cuadros del PC en las orgánicas sociales, sino su política de alianzas, con quienes libre y voluntariamente decidieron aliarse y que les ha significado convertirse en vagón de cola de proyectos políticos , donde no existe una masa crítica popular capaz de realizar reformas que neutralicen el neoliberalismo dominante.
Es innegable que la derrota del Colegio de Profesores es producto de una mala lectura del momento político y de la pésima táctica de insistir con dos personajes mal evaluados no solo por el magisterio, sino por los trabajadores, en general. La reflexión crítica es imprescindible y por ello les recomendaría tanto al PC como también al Partido Socialista revisar el rumbo elegido, re leer los principios y objetivos de sus partidos, pues cuando se pierde “el norte” lo más sabio es volver al punto de partida.
Y quién sabe, en una de esas, como producto de esta revisión y reflexión, lleguen a la conclusión que a su dirigencia le interesa más conservar el statu quo que arriesgarse a representar la voluntad popular y contar con organizaciones sociales y sindicales democráticas, sin dirigentes “apernados”, organizaciones autofinanciadas, que generen propuestas y demuestren capacidad de tanto de “movilización” como de negociación”.

Jorge Bustos*Dirigente social porteño.