Alimentación en el trabajo: los peligros de los malos hábitos

A través de los años, a nivel productivo en Chile ha experimentado un crecimiento digno de reconocer. Sin embargo, los nuevos vínculos entre horario y productividad han traído cambios notorios en los hábitos de los trabajadores, que con 8 a 12 horas laborales al día tienen como único tiempo intermedio su jornada de almuerzo, muchas veces utilizada para desconectarse de las tareas laborales, o bien para hacer tareas pendientes, dejando de lado su real fin: recuperar la perdida energética de la primera parte del día y así poder seguir rindiendo óptimamente.
Sebastián Navea, docente de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad Santo Tomás La Serena, señala que producto de este mismo ritmo acelerado, la gran mayoría de los trabajadores no toma desayuno en su hogar y solo consume una o dos tazas de café o té en el trabajo, ingesta que normalmente ocurre recién una o dos horas después de haber iniciado su actividad.

Alimentación en la oficina

Otros malos hábitos, según señala el profesional, son saltarse el horario de almuerzo y solo consumir snacks o colaciones menores, como café de máquina con galletas, lo que supera las 300 calorías por cada colación.
“Si a lo anterior le sumamos la costumbre de almorzar en lugares express, comiendo solo completos con papas fritas más bebidas, tenemos un consumo cercano a las 1.316 calorías solamente en el almuerzo, cifra que supera lo recomendado. Pensemos que un hombre de 60 kilos con una talla de 1.60 metros, debe consumir diariamente -por supuesto combinado con actividad física ligera- un máximo de 1.800 calorías en el día; entonces nos queda un saldo extra de 350 calorías aproximadamente, que suma solo en el almuerzo, sin contar el resto de las comidas”, explica el nutricionista.
Lamentablemente, estos malos hábitos alimenticios también van acompañados por el sedentarismo, ya que después de 8 horas de trabajo diario estando sentados, muchos llegan solamente a sentarse a la casa, situación que a juicio de Sebastián Navea “nos ubica bastante lejos de las recomendaciones de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que considera el lugar de trabajo como un entorno prioritario para la promoción de la salud en el siglo XXI”.

Saltarse las comidas

Producto de las nuevas costumbres de estar siempre conectados y alerta, como sociedad se nos plantea un gran desafío, considerando que las nuevas costumbres de alimentación, que dejan de lado el autocuidado, están redundando en diversas complicaciones en la salud de los trabajadores.
A su juicio, saltarse una comida, especialmente el desayuno o el almuerzo, puede generar hipoglicemia: una disminución de la concentración de azúcar en la sangre, hecho que reduce el período de atención y ralentiza la velocidad con la que se procesa información.
Para contribuir un poco en este aspecto, Navea sugiere a los empleadores disponer de un lugar y tiempo protegido dentro del espacio de trabajo para que sus funcionarios puedan consumir colaciones a media mañana (o a media tarde, en caso de requerirlas); e igualmente, que establezcan pausas activas dentro de la jornada laboral. Por ejemplo, 5 a 10 minutos donde los funcionarios puedan realizar ejercicios de estiramientos y movilización dentro del espacio de trabajo.
“Dentro del lugar de trabajo resulta relevante contar con un sitio especial, como por ejemplo un comedor, donde los funcionarios puedan calentar su comida, como también almacenar en frío si así lo requieren; en virtud de que la comida hecha en casa, en adecuadas proporciones, es mucho más beneficiosa para la salud que los alimentos rápidos consumidos en locales cercanos al trabajo, como frituras o sándwich”, señala el profesional.